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Entradas

Rincón de selva de Rafael Barrett

El cimiento innumerable y retorcido sale de tierra en el desorden de una desesperación paralizada. Los troncos, semejantes a gruesas raíces desnudas, multiplican sus miembros impacientes de asir, de enlazar, de estrangular, la vida es aquí un laberinto inmóvil y terrible; las lianas infinitas bajan del vasto follaje a envolver y apretar y ahorcar los fustes gigantescos. Un vaho fúnebre sube del suelo empapado en savias acres, humedades detenidas y podredumbres devoradoras. Bajo la bóveda del ramaje sombrío se abren concavidades glaciales de cueva donde el vago horror del crepúsculo adivina emboscada a la muerte y tan sólo alguna flor del aire, suspendida en el vacío, como un insecto maravilloso, sonríe al azar con la inocencia de sus cálices sonrosados.
Entradas recientes

Las manos de Rafael Barret

Cesaron de ignorarse, y se movieron en busca una de otra, por entre las batistas agitadas, arrastrándose hacia el deseo, profecía venida de lo alto. Los dedos masculinos, temblando de angustia, alcanzaron, por fin, resbalaron en un débil tumulto de caricias inciertas como un aliento oprimido. La mano de la hembra, bajo aquella voluptuosidad insuperable, iba desdoblándose, encogiéndose, hasta cerrarse en el cáliz temprano de una magnolia.

De repente, el eterno grupo trágico: garra hambrienta, músculos velludos de pirata que estrujan un corazón arrancado, y confusas alas prisioneras.

La piel sutil de la muñeca frágil cede como un pétalo; los suaves dedos vencidos se abren, y en la palma tibia, pálida, húmeda aún, late la vida.

HOY de Rafael Barrett

Hoy es el día negro. ¿Dónde mi cotidiana herencia de luz?

He vagado por las calles borrachas de niebla, como yo de sombra. En el fondo de mi universo proyecta la nada sus desnudas tinieblas, disolventes de todo, las asesinas del silencio, minuciosas, devoradoras, lentas.

La tarea de la vida cae de mis dedos apagándose... Manos rescatadoras, no os veo en mi oscuridad. ¿Vacías huisteis? Me baña la muerte persuasiva.

Únicamente soy una cosa cobarde, escondida en un rincón del tiempo. Torpes enemigos, seguid buscándome en la luz; mañana será tarde. Hoy se rindió el carcelero, y la jauría desatada se destroza a sí misma. Cada átomo de mi carne es una tímida ferocidad; yo una multitud esclava; yo el hermano de los humildes criminales.

Hoy vi sobre la estúpida faz del primitivo la costra de la miseria, olfateé la desesperación y el vicio y amé al pobre, porque mi corrupción es la suya. Con ella la piedad, como siempre, en las almas. Y me penetra la infame ternura. Por fin, nostálgico de la antig…

AGUAFUERTES de Rafael Barrett

Para Meifren
La niña duerme...

Cada instante, más bellos los días que no volverán; cada instante, más bellos los prometidos días que no llegarán nunca.
La niña duerme... tan profundamente que el más fino de sus cabellos está inmóvil como una montaña; tan profundamente, que las horas se mueven lejos de ella... la niña duerme en su ataúd.
Era piadosa, y tan inocente que no se ruborizaba nunca. Los niños que empiezan a andar jugaban felices con ella, y cada noche le traía el reposo.
Con la noche, vino la muerte, y la muerte también la encontró dispuesta y dócil, y se la llevó donde ella sabe.
La niña duerme...
Preciso es que su alma compasiva se haya vuelto a mitad de camino un momento a dejar sobre esta frente el resplandor de paz sumisa que siempre estuvo en ella, y si yo levantara esos párpados sagrados, miraría otra vez la sagrada luz que serenaba mi vida.
Apenas bajo mi mano se entreabrieron...
Caían, caían por el rostro de la muerta; caían las lágrimas.

EL MAESTRO de Rafael Barrett

Por treinta pesos mensuales el señor Cuadrado, a las cinco de la mañana incorporaba sobre el sucio lecho sus sesenta años de miseria, y empezaba a sufrir. Levantar a los niños de primer grado, vigilar su desayuno, meterles en clase, darles tres horas de aritmética y de gramática, llevarles a almorzar, presenciar su almuerzo, cuidar el recreo, propinarles otras tres horas de gramática y de aritmética, conservar orden en el estudio, servirles la cena, conducirles al dormitorio, estar alerta hasta las 10 de la noche, dormirse entre ellos para volver a comenzar al día siguiente... todo eso hacía el señor Cuadrado por treinta pesos al mes.

Y lo hacía bajo humillaciones perpetuas, obstinadas; los niños de primer grado eran un enjambre de mosquitos en cuyo centro el señor Cuadrado pasaba la vida. Cada instante estaba marcado por un pinchazo o por una puñalada, porque si el señor Cuadrado era blanco constante de las risas bulliciosas de los pequeños, también lo era de las risas malvadas de los…

EL LEPROSO (Cuento) de Rafael Barrett

Treinta años hacía que Onofre habitaba el país. Remontando los ríos quedó en seco al fin como escoria que espuman las mareas. ¿Siciliano, turco, griego?... Nunca se averiguó más; al oírle soltar su castilla dulzona rayada por delgados zumbidos de insectos al sol, se le adivinaba esculpido por el Mediterráneo.

Treinta años... Era entonces un ganapán sufrido y avieso. Pelaje de asno le caía sobre el testuz. Aguantaba los puntapiés sin que en su mirada sucia saltara un relámpago. Astroso, frugal, recio, aglutinaba en silencio su pelotita de oro.

Pronto se irguió. Puso boliche en el último rancho. Enfrente, una banderola blancuzca, a lo alto de una tacuara torcida por el viento y la lluvia, sonreía a los borrachines. Entraban al caer la noche, lentos, taciturnos; se acercaban con desdén pueril al mostrador enchapado; pedían quedos una copa de caña, luego otra; el patrón Camhoche, afable y evasivo, apaciguaba los altercados, favorecía las reconciliaciones regadas de alcohol. Saltó a relucir …

VACUNA de Rafael Barrett

«Scire est mensurare», decía Képler. Saber es medir. De Képler acá, el desarrollo de las ciencias ha hecho cada vez más axiomático el aforismo. «Si sabéis medir aquello de que habláis, dice lord Kelvin, y expresarlo por medio de una cifra, algo sabéis de vuestro asunto». El cuerpo de una ciencia que merece el nombre de tal es un conjunto de medidas, una estadística suficiente, y cuando la ley probable nos reproduce los números de la observación con un error más pequeño que el imputado a los instrumentos, la ciencia es exacta. La mecánica celeste entera, casi toda la física y gran parte de la química son exactas. En cambio, casi toda la medicina es empírica y conjetural. La medicina sólo pasa por ciencia a los ojos de los que, ignorando las matemáticas aplicadas, no tienen concepto alguno de lo que la ciencia es. El médico mide la temperatura, la presión arterial, los coeficientes respiratorios; hay una energética fisiológica, una química de nutrición, un ensayo de una química de la in…