domingo, 31 de mayo de 2009

FILOSOFIA DEL ALTRUISMO ( II ) de Rafael Barrett

II (de III)

"El mundo invisible, el mundo secreto que llevamos dentro...". Estas expresiones parecerán poco propias de un estudio filosófico. ¿Se puede hacer una filosofía de metáforas? Si el lector tiene paciencia, verá en otro artículo los motivos que nos inclinan a desconfiar de la lógica en uso, cuando se trata de tocar lo real. La lógica conduce a lo verdadero, mas para llegar a lo real es impotente. Lo verdadero es objeto de la ciencia; empleado en la utilidad común cambia de siglo en siglo. Lo real, objeto de la sabiduría es asunto que atañe directamente a cada uno de nosotros, Lo verdadero es exterior, lo real, interior. De lo verdadero nos servimos; de lo real vivimos, o por mejor decir, lo real es lo que vive. Lo verdadero exige los esfuerzos de nuestra razón, y la razón no es sino una parte de nuestro ser, lo real nos exige por entero. Un dialéctico puro es un mutilado. La humanidad no ha hecho caso a los metafísicos de gabinete, sino a los profetas, metáforas en acción. Hay en una metáfora más alma que en cien teoremas. Lo real no se explica: se siente y se ejecuta.

Pero bajemos a la región de las sensaciones ordenadas por la ciencia, esa ciencia helada y triste cuyo ideal — física matemática —es aplicar un sistema lógico a un conjunto de medidas. Encontraremos en la ciencia actual el rastro del mundo interno invisible, de tal modo es cierto que una porción cualquiera del universo constituye un símbolo de todo lo demás. Los griegos no tenían noticia de América, según he oído; tampoco la tenían de los enormes continentes de nuestro espíritu. Ignoraban las dimensiones del planeta y nuestras propias dimensiones. Para ellos, fuera de la conciencia no había nada. No se alejaron del luminoso círculo, centro de la inteligencia, y por eso lo que construyeron es tan claro, tan elegante, tan evidente y tan falso. Demostraron rigurosamente muchas mentiras, y Aristóteles, a través de la escolástica, nos emponzoña aún.

Somos ahora más humildes. Hemos comprendido que no es posible adivinar, que es preciso callarse y ensayar. Memos hecho la geografía caminando, y la química ha salido de nuestras manos obreras. La naturaleza contesta siempre cuando se la interroga con angustia, y el objeto físico, es decir, el cadáver de la realidad, se ha estremecido baje nuestra mirada. En nuestros laboratorios hemos descubierto lo inconsciente; hemos verificado que el lugar donde se fabrican nuestros conceptos, donde nuestros sentimientos se enriquecen y se afinan, donde el carácter se arma y teje la memoria su fantástica tela, es un taller inmenso que mueve sus engranajes en la sombra Somos secretos para nosotros mismos. Nuestra raza y nuestra descendencia nos habitan sin que las veamos. En las tinieblas de nuestro cerebro se levantan los muertos para apoderarse de los vivos, y los vivos para apoderarse del futuro. La génesis del crimen es inconsciente, y la del genio también. Nuestras ideas, nuestras emociones, nuestros impulsos son una continua sorpresa. Asistimos a su desfile prodigioso sin saber de dónde surgen, cabellera de chispas desprendidas de la fragua oculta, y agitadas por el salvaje viento de la noche

En el paisaje infinito del espíritu, ¿qué es la conciencia? Un punto perdido: la linterna del vagabundo. Débil linterna que paseamos por las encrucijadas del pensamiento y de la voluntad, débil lógica humana, gesto de duda en un instante de pereza, ¡ilumínanos la profundidad de los bosques y de los mares ¿Dónde está el yo, dónde empieza y dónde acaba? Y los otros yoes que aguardan detrás de la puerta, en la penumbra subconsciente o subliminal. ¿cuándo nos invadirán y nos devorarán? ¿Despertaré mañana asesino o santo?

Quizá nuestro yo se extiende hasta las estrellas más lejanas. Si mi brazo es mío, no es porque lo distingo y lo palpo, sino porque me duele, porque lo experimento de una manera real. Donde concluye el cuerpo, ¿concluye el conocimiento real del espacio? Si mi piel fuera transparente, ¿no creería, ante el espectáculo de mis intestinos laboriosos y palpitantes, pero insensibles, que aquel movimiento me es extraño por completo? Un cirujano me anestesia el brazo. ¿Deja de ser mío? La mujer estudiada por Charcot siente el pinchazo de un alfiler a un centímetro de la piel, en la atmósfera ¿Le pertenece ese centímetro de atmósfera? Y el conocimiento por los sentidos, el conocimiento aparencial, ¿no establece un lazo? Yo veo la estrella inaccesible, y la estrella ¿me ve?

¡Explicar lo real! Lo real se siente y se ejecuta, no se explica. Yo siento en mí el temblor de los astros; siento en mí abismos capaces de contener los que espantaban a Pascal: siento en mí el mundo invisible y secreto que trabaja; la energía específica y nueva en torno de la cual. por unos momentos, giran las cosas como no habrían girado nunca; siento en mi un total incoherente que necesita mudar de actitud y esperar lo que no ha sucedido todavía; siento en mí algo irresistible que se opone a la estéril repetición del pasado. y que ansía romper las barreras del egoísmo para realizar su obra inconfundible. Siento que soy indispensable a un plan desconocido y que debo entregarme heroicamente. Estoy seguro de que todos los hombres sienten como yo cuando se hace el silencio en sus almas; estoy seguro de que todos, al Comenzar a cumplir su noble destino, se reconciliarían con la muerte.

Publicado en "El Diario" (Asunción), 28 de julio de 1908.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen articulo, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)
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Anónimo dijo...

Muy buen post, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)

Anónimo dijo...

Interesante articulo, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)