martes, 15 de junio de 2010

AGUAFUERTES de Rafael Barrett

Para Meifren
La niña duerme...

Cada instante, más bellos los días que no volverán; cada instante, más bellos los prometidos días que no llegarán nunca.
La niña duerme... tan profundamente que el más fino de sus cabellos está inmóvil como una montaña; tan profundamente, que las horas se mueven lejos de ella... la niña duerme en su ataúd.
Era piadosa, y tan inocente que no se ruborizaba nunca. Los niños que empiezan a andar jugaban felices con ella, y cada noche le traía el reposo.
Con la noche, vino la muerte, y la muerte también la encontró dispuesta y dócil, y se la llevó donde ella sabe.
La niña duerme...
Preciso es que su alma compasiva se haya vuelto a mitad de camino un momento a dejar sobre esta frente el resplandor de paz sumisa que siempre estuvo en ella, y si yo levantara esos párpados sagrados, miraría otra vez la sagrada luz que serenaba mi vida.
Apenas bajo mi mano se entreabrieron...
Caían, caían por el rostro de la muerta; caían las lágrimas.